Debería haber titulado esta foto ‘Aurora boreal en mi balcón’, pero me parecía poco fino o, mejor dicho, como que le quita cierto encanto que siempre tiene lo lejano, porque la aurora boreal me queda muy lejos (pero las petunias las tengo al lado).
El caso es que…, pensaba yo mirando la foto original de las petunias, ‘mira que ha quedado bonita, es una pena que tenga un fondo de edificios’.
Repaso mi colección de nubes para ver cuál le queda mejor como cielo, y no contenta con uno, le pongo muchos cielos, mezclo cuatro o cinco fotos de nubes de distintos colores y formas, pulso fusión y ¡voila! ¡pedazo foto! (Modesto, baja que sube Concha).
Pues, ¿sabes? Me recuerda a un relato que publiqué hace años basado en un bello sueño. El título del relato era ‘La hora del mundo’. En mi sueño, me asomaba al balcón al atardecer, tenía que ser un día determinado del año y una hora concreta, en ese momento se abría el mundo ante mis ojos y podía ver cualquier lugar del planeta con sólo expresar mi deseo.
Siempre he sido recolectora de cielos, en esos instantes precisos en los que el horizonte es un estallido de colores. Ahora, como volviendo a aquel relato, me he traído a casa la aurora boreal. Quizá, mientras daba forma definitiva a esta imagen, estaba de nuevo frente a ‘La hora del mundo’, pasó por mi mente la aurora y se quedó a vivir en mi fotografía.